Podríamos decir que la pintura vive en loop, como las crisis. Cada cierto tiempo reaparece alternando optimismo, retroceso y reflexión. Y aquí estamos, en un eterno retorno de desacralización permanente, donde pintar se reivindica antes como tradición que como técnica, más como pensamiento que como forma.

En ocasiones, no hay lienzo, ni pinceles, ni pigmentos. Otras veces no es bidimensional y, otras tantas, ya no es ni pintura, sino una idea donde lo único inalterable es el vocablo.

Mi universo visual se desarrolla sobre la base de un procedimiento técnico-conceptual al que he nombrado “la repintura”, el cual se refiere a la transformación constante del lienzo y la superficie pictórica; ya sea borrando, superponiendo, cortando o repintando. Proceso que conceptualizo como una alegoría al propio ciclo de muerte y renacimiento de la pintura y del cuadro como objeto capaz de perpetuar el tiempo.

Mi práctica artística se fundamenta en la idea de que la obra no es un punto final, sino más bien materia prima para la siguiente. A través de la acumulación, la substracción y la superposición de imágenes, abordo la obra como un cuerpo vivo, que se postproduce y se resignifica, proponiendo así una metáfora sobre procesos identitarios y culturales, que son resultado del mestizaje, la hibridación, el sincretismo y, en general, el cambio.

Héctor Onel Guevara

Residente en Madrid

Cuba, 1996